Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas
En la República Argentina se ha acumulado experiencia con respecto a la asistencia a las personas que sufren adicciones, tanto por ingesta como por conducta, sobre todo a las primeras.

La muralla que se presenta en el camino es la Ley de Salud Mental 26.657/10. A la hora de la realidad es prácticamente imposible internar a una persona con grave adicción, en contra de su voluntad y que tiene el cerebro deteriorado.
Al no tener voluntad de salir, ¿cuál es su destino? No puede sostener un tratamiento ambulatorio, tampoco puede sostener un trabajo, un estudio, una familia y puede estar delinquiendo. Seguirá su derrotero y deteriorándose su cerebro. El final del camino puede ser el suicidio.
¿Cuántas personas mueren por las drogas o como consecuencia de su ingesta? No se sabe. La ley de marras ha hecho descansar la atención en los hospitales públicos, que al primer semestre de 2024 —en casi todo el país— están atiborrados de personas solicitando turnos; no tienen guardias psiquiátricas y cuentan con escasos profesionales en la materia de adicciones para atender.
Toda esta situación está al borde de la violación de los derechos humanos.
La prevención de las adicciones, por parte del Estado, es escasa y no se percibe en medios masivos de comunicación. El esfuerzo en esta materia y en la asistencia es de las Organizaciones de la Sociedad Civil —en este último caso con cierto aporte estatal para sostener lo existente—, de las iglesias evangélicas y católicas. Ergo, la situación es crítica.
Al respecto se propone
La revisión total de las políticas sobre las adicciones, partiendo de un gran acuerdo nacional, con foco en las provincias, por ser la salud responsabilidad de las mismas.
De suyo hay ciudades importantes donde no existe ni la prevención ni la asistencia, pero sí los vendedores.
Este gran acuerdo nacional debe tener como basamento el derecho y la justicia —y el fruto de la justicia es la paz—, la elaboración de principios cumplibles y la suprema consideración hacia los más desvalidos.
La cabeza piensa donde los pies pisan.
Ante la aparición de nuevas sustancias y de renovados comportamientos adictivos —que seguirán apareciendo—, como ser la ludopatía y la adicción a la tecnología, no entreguemos el cerebro de los argentinos a nadie.
Debemos forjar en la sociedad una Cultura Preventiva y no banalizar el consumo de sustancias.
Como Red Cristiana perseveramos y avanzamos en unidad para estar a la altura de los tiempos que nos toca vivir, capacitando a las iglesias, realizando trabajos de prevención en las escuelas, haciendo tareas en las cárceles y estando con todo aquel que nos necesita.
Centrados, como nos marcan las Sagradas Escrituras, en rescatar a los que van a la muerte y detener a los que a los tumbos avanzan al suplicio (Proverbios 24:11-12), y levantando, restaurando y reedificando vidas y familias (Isaías 61:4).
